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¿Qué ocurrió el 27 de junio de 1973 en Uruguay?

Mario Benedetti murió ayer. En todos los periódicos se alaba el compromiso del escritor con sus ideales y se lamenta la desaparición del poeta. Yo lamento más la pérdida del cuentista, aunque debo reconocer que había mucho de poesía mezclada con la prosa en los relatos agrupados en su libro Geografías. Lo leí cuando era (más) joven y fue el empujón que me llevó a escribir los pocos cuentos que he escrito. En el relato que da nombre al libro dos amigos exiliados uruguayos competían en recuerdos de su ciudad. Uno pregunta sobre detalles públicos de Montevideo y el otro debe contestar, por ejemplo “acerca de las ventanas del Palacio Salvo, undécimo piso, que dan a la plaza independencia”. ¿Por qué tenía Benedetti esta nostalgia de exiliado?

 El 27 de junio de 1973 el presidente de Uruguay Juan María Bordaberry dio un golpe de estado apoyado por las fuerzas armadas del país que culminaría en el período denominado (¿irónicamente?) Dictadura cívico-militar. Fue una dictacura extraña ya que, más que el gobierno omnímodo de un tirano, significó el control de las insitituciones por parte de los militares. El propio presidente golpista fue apartado del poder pocos años después y sustituído por otro “líder”. La represión supuso el encarcelamiento y/o asesinato sistemático de los opositores en todos los campos, incluído (principalmente) el mundo de las letras. Benedetti se exilió primero en Argentina y luego en España donde fijó su residencia durante más de diez años. En 1985, poco después de la publicación de Geografías, cayó el régimen surgido del golpe y Benedetti pudo, en sus palabras, “des-exiliarse” y regresar a su país donde podría reunirse con su adorada esposa que había permanecido en Uruguay durante la dictadura.

 En otro de los relatos de Geografías titulado Firmó doscientas mil, Benedetti pone en escena a un anciano español exiliado en Montevideo al que felicitan sus conocidos uruguayos el día que muere Franco. Él les explica que no puede brindar con ellos “Porque ese hijo de perra solo se decició a morir cuando ya no éramos dos”. Su adorada esposa había muerto en el exilio. “Nos robó todo, hasta ese abrazo entrañable que Remedios y yo nos habíamos prometido para un día como éste”. Al menos a Benedetti no le robaron eso.

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